La importancia de una buena calidad del sueño en el dolor pélvico crónico

La buena calidad del sueño cuando se tiene dolor pélvico crónico es imprescindible para obtener buenos resultados en el tratamiento. Recientes investigaciones han demostrado que el insomnio y el dolor crónico están estrechamente asociados.

El dolor crónico es un problema de salud generalizado en todo el mundo y es una de las causas más comunes por la que los médicos de atención primaria dan la baja laboral a sus pacientes. A nivel mundial, alrededor del 20 por ciento de la población adulta sufre de dolor crónico. El dolor crónico se define como el dolor que dura más de tres meses y difiere del dolor agudo, que es causado por un daño en cualquier parte del cuerpo (dolor nociceptivo).

¿Qué son los trastornos del sueño?

El insomnio es un trastorno de la calidad de sueño. En el insomnio se tienen dificultades para conciliar el sueño, para para mantenerse dormido o lograr un sueño de calidad. Afecta a alrededor del 10% de la población mundial.

El insomnio se puede clasificar en agudo o crónico, o según la parte del ciclo del sueño que se vea más afectada: quedarse dormido, mantener el sueño o despertarse temprano. Además, el insomnio puede clasificarse por causa primaria o secundaria, donde el insomnio primario significa que no hay una afección psiquiátrica o psicológica subyacente u otra afección médica que pueda explicar el insomnio. Hasta la fecha, los tratamientos conductuales se recomiendan como primera línea de tratamiento para el insomnio siempre que sea posible, mientras que los medicamentos para dormir deben limitarse a la dosis necesaria más baja posible y la duración mínima necesaria para reconducir el proceso.

Diferencias entre dolor agudo y crónico

Relación entre dolor crónico y trastornos del sueño

Estudios sobre el dolor crónico y el insomnio han demostrado que el insomnio es un factor de riesgo importante para desarrollar o favorecer el dolor crónico y por la misma razón el dolor pélvico crónico. También se ha demostrado, que incluso un grado leve de insomnio, tiene un efecto negativo a la hora de percibir el dolor.

Diferencias entre dolor agudo y crónico

El control del dolor por el sistema nervioso central tiene un papel funcional y protector en las condiciones de dolor agudo; el dolor agudo es una señal de advertencia para cambiar nuestro comportamiento con el fin de reducir el riesgo de lesiones a largo plazo. El vínculo o relación entre el dolor y el aprendizaje y la memoria es, por lo tanto, importante para nuestra supervivencia y es beneficioso en el dolor agudo, pero puede tener consecuencias negativas en el dolor crónico.

En contraste con el dolor agudo, el dolor crónico generalmente no tiene valor como una «señal de advertencia» de daño tisular en curso. Además, los mecanismos de dolor crónico son distintos del dolor nociceptivo (el dolor que sufrimos habitualmente), es decir, los mecanismos de dolor neuropático generalmente están presentes en condiciones de dolor crónico.

Salud mental y dolor pélvico crónico

El dolor pélvico crónico a menudo afecta negativamente a la salud mental, por lo que muchos pacientes también sufren otros trastornos psicológicos asociados como ansiedad, depresión, estrés y trastornos del sueño. La relación entre el dolor y la salud mental parece ser bidireccional, a través de los sistemas moduladores del dolor en el sistema nervioso central (es decir, sistemas inhibidores del dolor descendentes y sistemas facilitadores del dolor descendentes) y factores psicológicos como el estado de ánimo, el nivel de ansiedad, los recuerdos, la atención y la distracción, el estrés, la fatiga y las expectativas pueden aumentar o disminuir la experiencia del dolor.

Salud mental y dolor pélvico crónico

El sueño y el dolor crónico

La relación bidireccional entre el sueño y el dolor es de especial interés. La falta de sueño es común en pacientes con dolor pélvico crónico y los datos recientes identifican los problemas del sueño como factores clave en los pacientes que presentan dolor crónico    .                           .

En un gran estudio reciente que investigó el insomnio en adultos noruegos, la frecuencia de insomnio en el grupo estudiado fue del 14%. En pacientes con dolor musculoesquelético (dolor típico en el suelo pélvico), la probabilidad de tener insomnio fue casi el doble que en la población general. En la fibromialgia la probabilidad fue casi el triple.

En un estudio de pacientes sometidos a tratamiento por dolor crónico, el 41% cumplieron con los criterios para el insomnio clínico y el 24% sufrieron de insomnio clínico severo según el cuestionario Insomnia Severity Index.

Algunos estudios sugieren que el sueño alterado es un modulador importante y amplificador del dolor crónico. Los ejemplos incluyen estudios longitudinales que muestran que las deficiencias del sueño predicen de manera confiable nuevos incidentes y agravamiento del dolor crónico. Otros estudios sugieren que la mala calidad del sueño es un indicador confiable del empeoramiento del dolor crónico. Por el contrario, la buena calidad del sueño se asocia con una mejora en los estados de dolor crónico generalizado.

Por lo tanto, parece haber una conexión bidireccional entre el dolor y la alteración del sueño, a pesar de que el mecanismo exacto de producción se desconoce actualmente.

Aproximación al tratamiento del dolor pélvico crónico

El dolor crónico es una afección médica compleja en la que muchos factores interactúan y afectan la calidad de vida, como la alta intensidad del dolor, la disminución del bienestar mental, la reducción de la capacidad para trabajar y el insomnio.

Aproximación al tratamiento del dolor pélvico crónico

Los pacientes con dolor crónico pueden ser tratados a través de clínicas de dolor multidisciplinares, lo que significa que sus problemas de dolor se tratan al mismo tiempo en lugar de con tratamientos individuales aislados. El programa de rehabilitación del dolor pélvico crónico incluye tratamiento médico desensibilizante y farmacológico, actividad física / ejercicio, terapia psicológica (EMDR y cognitivo-conductual) y lo desarrollará un equipo interdisciplinario compuesto por un médico experto en dolor y coordinador, fisioterapeutas expertas en suelo pélvico y psicólogas expertas en dolor crónico. A estos especialistas, se les añadirán otros para cuestiones más específicas en relación con los dolores abdominopélvicos: neurofisiólogo, urólogo, ginecólogo, proctólogo y cirujano vascular fundamentalmente.

El objetivo de este tipo de rehabilitación del dolor es principalmente reducir el dolor a niveles que el paciente pueda soportar, a la vez que se intenta encontrar un enfoque sostenible global, teniendo en cuenta todos aquellos factores que pueden influir positiva o negativamente en la percepción del dolor.

La rehabilitación del dolor se centra en que el paciente aprenda ciertas estrategias y herramientas, específicas de cada patología. De esta forma, se podrá manejar el dolor y sus consecuencias, aumentando la comprensión de la enfermedad y así el paciente puede tener mejores oportunidades de hacer frente a las actividades de ocio, sociales, domésticas y laborables diarias (en caso de poder trabajar).

La rehabilitación se lleva a cabo durante un período mínimo de aproximadamente tres meses, y además de las medidas médicas, se incluyen medidas de rehabilitación en el hogar y en el trabajo, planificación y orientación de la actividad física por parte de fisioterapeutas, y tratamiento de la ansiedad, la depresión y las dificultades del sueño por parte de un médico y/o psicólogo (según las necesidades individualizadas).

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