Mente y dolor: gestionar el dolor a través de las emociones

A lo largo de la historia hemos aprendido que cuerpo y mente van de la mano, por lo tanto, mente y dolor también son inseparables. En el caso del dolor crónico, donde existe una afectación física real, es habitual que la persona que lo padece se centre en tratamientos orientados a aspectos más fisiológicos perdiendo de vista el  componente emocional. En este artículo hablaremos sobre lo beneficioso que puede ser aprender a gestionar el dolor a través de las emociones y la mente.

¿Qué es dolor crónico?

El dolor crónico como tal tiene lugar cuando la sintomatología tiene al menos tres meses de duración. En el caso del dolor pélvico crónico,  éste persiste al menos durante 6 meses y se manifiesta de forma continuada o intermitente. El dolor pélvico crónico se localiza a nivel de abdomen inferior, la pelvis o estructuras intrapelvianas, y está relacionado con la afectación de vísceras, estructuras somáticas (por ejemplo: piel, músculos, peritoneo) y componentes del sistema nervioso, pudiendo estar provocado por nervios dañados.

Síntomas del dolor crónico en las emociones

Una persona que padece dolor con más de tres meses de duración, inevitablemente va a ver como éste interfiere en su vida cotidiana. Le va a costar desempeñar el trabajo con normalidad, por ejemplo permanecer sentado; le va a costar mantener la concentración, por ejemplo notará que tiene despistes; muchas de sus prioridades como por ejemplo la relación de pareja pasarán a segundo plano porque el dolor va a ganar mucho protagonismo en su vida. Esa conquista de la vida cotidiana por el dolor, pone de manifiesto que existe una relación del dolor crónico con las emociones. Se convierte en un factor añadido de sobrecarga diaria, generando malestar a la persona que lo sufre. Estos síntomas del dolor crónico en las emociones se asocian concretamente con un dolor más constante y un aumento en la sensibilidad.

Si nos remitimos a la literatura científica, encontramos que un 52,7% de los pacientes tienen condicionada su actividad social, familiar y sexual, relacionando las consecuencias anímicas del dolor crónico fundamentalmente con cuadros de depresión y ansiedad.

Consecuencias anímicas del dolor crónico

Gestionar esta sintomatología no es fácil, teniendo en cuenta las circunstancias en las que se produce. Es habitual que la persona se sienta desbordada, uno de los signos que acompañan al estrés, sintiéndose con grandes dificultades para encontrar recursos con los que hacer frente a la situación y poder salir de ella. Este malestar emocional sumado a la carga del propio dolor, produce un consumo de energía vital que dificulta cada vez más enfrentarse al dolor en el día a día. Entonces aparecen emociones como impotencia, vulnerabilidad, rabia, tristeza, incluso culpa.

Todo este sufrimiento va restando poco a poco calidad de vida a la persona, vivir aprisionado por el dolor y estas emociones no es vida. Los tratamientos psicológicos para el dolor crónico están destinados a mejorar cualitativamente el curso de la enfermedad. Por lo tanto, un factor ineludible en la mejora de la calidad de vida va a depender de pedir ayuda a un especialista en terapia psicológica del dolor.

Tratamientos psicológicos para el dolor crónico

La psicología en estos casos se convierte en una aliada sumamente terapéutica, ya que es de las pocas áreas de tratamiento que no resultan invasivas para la persona. En concreto, ha demostrado tener un gran impacto positivo el enfoque EMDR.

EMDR: Psicología terapéutica

EMDR es  tratamiento enfocado en el trauma. Entendiendo el trauma desde una perspectiva cotidiana, como un cambio o una herida emocional en la vida de una persona. En este caso la aparición del dolor y sus vivencias asociadas.

La metodología EMDR trabaja logrando la estimulación de cuerpo y mente, a través de movimientos oculares o tapping, un tipo de estimulación que permite trabajar y moldear en el presente nuestras experiencias vividas.  Convirtiéndose de esta manera la gestión del dolor a través de las emociones, en algo posible.

Se aprecia que el tratamiento está contribuyendo al progreso positivo,  porque se nota cómo mejora la autoestima, aumentando el sentimiento de capacidad personal, las herramientas que ayudan a la persona en la vida cotidiana, se producirá un cambio en el enfoque de la realidad y se volverá más positivo.  En definitiva, se produce un cambio de respuesta ante el dolor que contribuye a una considerable mejora en la calidad de vida.

Ante la presencia de un dolor crónico no debemos olvidarnos de nosotros mismos, de nuestras emociones y la relación que existe entre nuestra mente y nuestro cuerpo. Buscar ayuda psicológica ayuda mucho a los pacientes que padecen dolor a experimentar un alivio real a través de la descarga emocional y adquisición de herramientas para la vida cotidiana, orientándose a la aceptación de la enfermedad en lugar de resignarse. Es posible convivir con dolor crónico y tener una buena calidad de vida.

Referencias consultadas:

  1. Fall, M., Baranowski, A. P., Elneil, S., Engeler, D., Hughes, J., Messelink, E. J., … & Williams, A. C. D. C. (2010). EAU guidelines on chronic pelvic pain. European urology57(1), 35-48.
  2. Itza, F., Teba, F., Zarza, D., Salinas, J., & Gomes, M. (2014). Perfil clínico de los pacientes con dolor pélvico crónico: un análisis descriptivo. Archivos Españoles de Urología67(8), 692-698.

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