El uso racional de los opioides en el dolor crónico y en el dolor pélvico crónico

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos han publicado recomendaciones actualizadas y ampliadas para recetar opioides en adultos con dolor agudo y crónico no relacionado con el cáncer o la atención paliativa al final de la vida.

La Guía de práctica clínica de 2022 proporciona orientación sobre cómo determinar si se deben iniciar los opioides para el dolor; seleccionar los opioides y determinar las dosis de estos; decidir la duración de la prescripción inicial de opioides y realizar el seguimiento, así como, evaluar el riesgo y abordar los posibles daños del su uso.

«Los pacientes con dolor extremo deben recibir atención del dolor compasiva, segura y efectiva. Queremos que los médicos y los pacientes tengan la información que necesitan para sopesar los beneficios de los diferentes enfoques de la atención del dolor, con el objetivo de ayudar a las personas a reducir su dolor y mejorar su calidad de vida», señalaron desde el CDC. En este punto se están refiriendo a cuidados paliativos fundamentalmente.

El uso racional de los opioides en el dolor crónico y en el dolor pélvico crónico

Uso de opioides en tratamiento del dolor crónico

¿Cómo reducir la velocidad máxima de opioides forma segura?

La última guía sobre el tema fue publicada por los CDC en 2016. Desde entonces, ha surgido nueva evidencia con respecto a los beneficios y riesgos de los opioides recetados para el dolor agudo y crónico, las comparaciones con los tratamientos para el dolor no opioides, las estrategias de dosificación, los efectos dependientes de la dosis de opioides, las estrategias de mitigación de riesgos y la disminución e interrupción de opioides, según los CDC.

Una aportación «crítica» a la directriz de 2022 es el asesoramiento sobre la reducción gradual de los opioides.

«Se han agregado consejos prácticos sobre cómo reducir gradualmente de una manera individualizada centrada en el paciente, para ayudar a los médicos, si se toma la decisión de reducir los opioides, y la directriz aconseja explícitamente contra la interrupción abrupta o las reducciones rápidas de la dosis de opioides», dijeron desde el CDC.

«Eso se basa en las lecciones aprendidas en los últimos años, así como en la nueva ciencia sobre cómo abordamos la reducción gradual y los daños reales que pueden resultar cuando los pacientes suspenden abruptamente o reducen rápidamente la toma diaria», añadieron.

Las recomendaciones clave para el uso de opioides

Las recomendaciones clave para el uso de opioides

Para saber si se deben iniciar o no las terapias con opioides, se necesita determinar si las terapias no opioideas son menos efectivas que las terapias con opioides para los tipos más comunes de dolor agudo y crónico. El uso de terapias farmacológicas, no farmacológicas y no opioideas deben maximizarse según corresponda, y la terapia con opioides solo debe considerarse para el dolor agudo y el dolor crónico si se anticipa que los beneficios superan los riesgos para el paciente.

  • Antes de comenzar la terapia con opioides, los médicos deben analizar con los pacientes los beneficios realistas y los riesgos conocidos de la terapia con opioides.
  • Antes de comenzar la terapia con opioides para pacientes con dolor subagudo que dura de 1 a 3 meses o dolor crónico que dura más de 3 meses, los profesionales deben trabajar con los pacientes para establecer objetivos de tratamiento para el dolor y la función, y se debe considerar cómo se suspenderá la terapia con opioides si los beneficios no superan los riesgos.
  • Una vez que se inician los opioides, se debe prescribir la dosis efectiva más baja de liberación inmediata por el tiempo necesario para controlar el dolor.
  • Dentro de 1 a 4 semanas de comenzar la terapia con opioides para el dolor subagudo o crónico, los médicos deben trabajar con los pacientes para evaluar y sopesar cuidadosamente los beneficios y riesgos de continuar la terapia con opioides. Se debe tener cuidado al aumentar, continuar o reducir la dosis de opioides.
  • Se debe trabajar con los pacientes para incorporar estrategias relevantes para mitigar el riesgo, incluida la oferta de naloxona, y la revisión de las posibles interacciones con cualquier otro medicamento recetado o sustancia utilizada.
  • Se debe evitar la interrupción abrupta de los opioides, especialmente para los pacientes que reciben dosis altas.
  • Para el tratamiento de pacientes con trastorno por uso de opioides, se debe proporcionar tratamiento con medicamentos basados en la evidencia.

La guía es «voluntaria y está destinada a guiar la toma de decisiones compartida entre un médico y un paciente. No está destinada a ser implementada de forma obligada, sin límites, por parte de los médicos, los sistemas de salud, las compañías de seguros o las entidades gubernamentales».

Uso de opioides en tratamiento del dolor crónico

También se comentó que » el estado actual de la crisis por sobredosis en el mundo, que está impulsada en gran medida por los opioides sintéticos ilícitos, no es el objetivo de esta directriz.

«La publicación de esta directriz realmente trata de avanzar en la atención del dolor y mejorar las vidas de los pacientes que viven con dolor», remarcaron desde el CDC.

«Sabemos que al menos 1 de cada 5 personas tiene dolor crónico. Es uno de los motivos más comunes por los que las personas acuden a su médico de atención primaria, y el objetivo aquí es mejorar la atención del dolor, la función y la calidad de vida de esa población de pacientes, al tiempo que se reduce el uso indebido, el desvío y las consecuencias del uso indebido de opioides recetados», añadieron desde el CDC.

Por nuestra parte, podemos decir que en referencia al dolor pélvico crónico hay poca evidencia científica de que pueda resultar efectivo el uso de opioides. Habitualmente, y sólo ocasionalmente, lo utilizamos como “rescate” cuando hay dolor irruptivo. El dolor irruptivo se define como unas exacerbación aguda del dolor crónico, de rápida aparición, de corta duración y de moderada a elevada intensidad, que sufre el paciente cuando presenta un dolor estabilizado y controlado por la medicación habitual.

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